El orden de las cosas
Paso quizá demasiado tiempo analizando las rutas y costumbres de mi cerebro, buscando respuestas concretas y categóricas a la pregunta de cómo soy. Suelo quedarme atascada en la zona del orden y del caos, que creo que en mi cabeza están en el mismo lugar. Me digo que soy caos cuando cocino sustituyendo ingredientes al azar, cuando comparo las mondas de mandarina de mi plato con las del de mi hermana, cuando me doy cuenta de que tengo cinco libros empezados. Caigo del lado del orden cuando pienso en ciertas cuadrículas mentales a las que voy siempre agarrada, cuando noto cómo me descolocan los imprevistos, cuando alguien me dice que no es normal tener también los discos por orden alfabético.
Lo de hoy tiene que ver con ese lado de estructura y secuencia del que no quiero salir. Lo de hoy, por otra parte, es asomarme al vacío y adentrarme por un atajo de tierra. Hay ciertas cosas que me gusta hacer siguiendo un orden determinado, que es una pequeña manía que sería inofensiva si no fuera porque, a veces, no pongo la primera piedra. Y, como no he puesto esa primera piedra, me niego a poner la segunda —que se convertiría en la primera sin ningún tipo de consecuencia nefasta, sin provocar terremotos ni enfermedades ni nada mínimamente perceptible—. Así que me quedo sin piedras. Tampoco pasa nada aquí; me da un poco de rabia, pero enseguida paso a otra cosa.
Un ejemplo: pese a la mala prensa (absurda, si queréis saber mi opinión) que tienen las películas o series basadas en libros, a mí me encanta verlas. Me gusta mucho adentrarme en la misma historia en un medio distinto, poner caras a personajes, ver cómo solucionan o no ciertas dificultades de plasmar en imágenes algo que se contó por escrito. Siento hasta cierto placer en el enfado de cuando esa adaptación es mala, cuando se inventa cosas, cuando se come matices y detalles que creo que son básicos, cuando ofrece un tono que se carga la historia (¿estoy pensando en la Persuasión de Netflix? Puede ser). En general disfruto con todas: con las que mejoran el libro, con las que son muy fieles, con las que lo reinventan con ingenio, con las que lo pervierten, con las que no lo han entendido tan bien como yo. Pero para hacer ese combo de libro-peli-serie (ahora mi cabeza está en Retorno a Brideshead) me gusta que el primer paso siempre sea el libro. Y ahí empieza el problema: a veces, como no he leído el libro, no veo la adaptación, aunque me apetece.
Solo ocurre con libros que quiero leer, que tengo en la recámara desde hace tiempo. Pero por esta tontería todavía no he visto Howard’s End, que el algoritmo de Filmin no entiende por qué nunca elijo. A veces intento prepararme con cierta antelación: desde que supe que iba a haber una adaptación de Limonov protagonizada por Ben Whishaw, robé el libro en la biblioteca familiar y lo puse en mi mesita del café. Aún no lo he empezado.
También hay adaptaciones que me han llevado al libro y no ha pasado nada, no se ha roto el mundo* ni la experiencia de lectura fue peor. Retorno a Brideshead es un ejemplo: empecé por la película (Ben, claro), que luego aprendí que cambia cosas importantes. Pero, cuando puedo elegir, sí creo que hay un orden correcto.
Todo esto también es la razón por la que llevo tanto tiempo sin pasarme por aquí. Quería —quiero— hacer un post de Mis 24 cosas favoritas de 2024, pero como es más largo, como requiere más tiempo, como hay otras veinte mil cosas que debería estar haciendo, hemos llegado a la segunda quincena de febrero y ese post no existe. El bichito que pone orden a las cosas en mi cerebro, ese que está ocupadísimo siempre colocando libros delante de películas, estaba empeñado en decir que cómo iba a publicar cualquier otra cosa aquí, iniciando de forma oficial 2025 en este blog, antes del post de cosas favoritas. Que cualquier publicación significaría un año más sin ese post (en 2023 fue una decisión consciente). Pero aquí estoy, en plena rebelión: mi intención sigue siendo escribir ese post algún día (la lista la tengo desde diciembre), aunque ya no tenga sentido por culpa de este texto explicando precisamente que a veces el orden se rompe y no pasa nada.
Prometo leer Limonov antes de ver la película, querido bichito guardián del orden de las cosas. Prometo también ir centrándome en escribir ese post largo que crees que ya no tiene sentido.
*Porque todo esto (las noticias) no es por mi culpa, ¿no?